sábado, 26 de septiembre de 2009

Tú y yo, señor

¿Todo bien?
Divertido, esa es la palabra.
Bueno, hay una red muy basta, ¿no?, un océano de posibilidades. Adoro los perros. Antes criaba conejos. Me encantan los animales. Su instinto, como piensan. He visto a perros razonar ante un problema, los he visto pensar… en situaciones difíciles. ¿Me podéis prestar un par de pavos? Mi casero es un demonio. Gracias… tengo mucha cara, lo se. Parece que fue ayer cuando me las arreglaba solo. Sí.

¿Porno amateur o profesional?



La actitud de un hombre puede conducirle en cierto sentido al modo en que basa su vida.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Bob Esponja. Te odio


Llevaba largo rato caminando por el arcén con el dedo levantado. El sol pegaba en mi cogote por lo que sabría que me iba a dejar una marca descomunal, una delgada línea que separa al hombre duro, hombre de peleas y botella, del hombre rata, animal nocturno. En ese momento una furgoneta destartalada paró unos metros delante de mí, los frenos chirriaron de tal forma que tuve que sujetarme las orejas contra la palma de mis manos. Se caían del dolor agudo. Agaché la cabeza por la ventanilla y a través de ella lo divisé. Su nombre me había perseguido casi desde la escuela, aunque a él jamás lo ví, ni siquiera un poquito. Big Slim Hazard.

- ¿Qué chico, vas a algún sitio o simplemente vas? - No entendí bien la pregunta, y eso que era una pregunta jodidamente buena.
- Voy a Encinitas, San Diego.
- Pues arriba muchacho, puedo dejarte como a unos 100 km de distancia de tu destino, yo me dirijo algo más al norte.
- Bueno, no estoy seguro señor. No me gusta demasiado su aspecto. No es que tenga nada en contra de los cojos señor, pero esque ese muñón al aire, me atrae tanto la mirada que podría pasarme prácticamente todo el camino con los ojos clavados en él, lo cual me marearía y podría vomitar. Además no confío mucho en alguien que posee solo una pierna para tres pedales.
- Para algo llevo este viejo madero. Anda sube. Pararemos en la próxima gasolinera. Compraremos una botella a medias.
- Bueno está bien de acuerdo.

Big Slim Hazard, apretaba fondo el pedal del acelerador y con el estoque hacía virguerías de frenos y cambios de marcha. Habíamos pasado ya varias gasolineras, pero yo no abrí la boca, aunque si que quería mear.
A gritos tuve que decirle que quería mear, pues si no hay que hacerlo por la ventanilla y agarrarse bien, hermano, agarrarse bien.
Finalmente Big Slim Hazard salío del trance en el que se encontraba, y giró a la derecha en desvío hacia una estación de servicio. Frenó violentamente, y del parasol cogió una cajetilla de cigarrillos. Entonces lo vi. Bob Esponga, una pegatina pegada seguramente muchos años atrás que me miraba con aquellos ojos fijos y fríos.
Nos bajamos, y fui al baño corriendo. Volvimos al coche.
B. Slim sujetaba en su mano una botella de vino, ya abierta. Y chupaba, y bebía, tragaba. Volvía a chupar, a beber y a tragar. Me pasó la botella. El vino estaba caliente pero sabia bien.
Retomamos la carretera, a gran velocidad, como de costumbre. Entonces caí en un profundo sueño.

Me desperté muy mareado con el sol del amanecer pegando directamente en mis pupilas, pequeñas como piojos. Mi cabeza retumbaba, los sesos salían por mis orejas y mi barriga pedía a gritos un gran puñetazo. Quería salir de mí, junto con la mierda que albergaba en su interior. Intenté incorporarme pero mis manos estaban en mi espada. Maniatado. La cuerda picaba, escocía. Intenté hablar, gritar. Mi boca tapada por aquella buena y resistente cinta americana que no cedía lo más mínimo. Miré directamente a Big Slim Hazard pero el sol seguía cegándome. Big Slim reía, demasiado fuerte en mi opinión. Y allí estaba él, con sus ojos fríos y fijos en mi.

Bob Esponja. Te odio.

Sonaba No Suprises de radiohead. Quise tararearla. Dichosa cinta americana.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Me encanta Bob esponja


Hello my name is: ******* ( tu nombre aqui).

Puede que no esté pensando en lo que escribo y que tan sólo esté vomitando los pensamientos que bloquean mi mente y que paralizan mi cuerpo. Sí, sabes a lo que me refiero. Esa sensación en el estómago...bueno, el diafragma más bien, que se asemeja a un cautiverio. Una violación de tu propio ser. No en un término sexual (pervertido), sino como una erradicación del control de tu ser. Por tanto, me planteo si me estoy violando a mi mismo (esto daría suficiente pólvora para un tema aparte:si me estoy violando a mi mismo, ¿dejaría de ser una violación? No obstante, recordando lo dicho anteriormente, no pienso lo que plasmo aqui y , además, esta cuestión ya se ha esfumado de mi cabeza. Sigamos con lo nuestro.) Me violo a mi mismo o , por aplastante lógica, convivo con otro ser en mi interior que me aprisiona como en una jaula para pájaros. ¿Me confino voluntariamente a la desazón de la inquietud?

Y me pregunto yo: ¿qué coño es esto que he dicho? Ya he parado de vomitar o por lo menos eso parece. Por otro lado, creo que en realidad esa sensación, llamémosla Bogart, se ha sentido amenzado por estas palabaras que salen de mis dedos y, en un mero intento de sobrevivir, se esconde en mi interior. Acechando. Esperando. Mierda. No estoy preparado.

Vamos a darle un giro a esto. En vez de toda esta mierda densa y áspera, hablemos sobre ello en una historia. A ver, ya tenemos a Bogart y faltamos todos nosotros. ¿Le pongo "yo" o "nosotros"? Nosotros.... no. Me suena demasiado a discurso de política: " ¡Nosotros! Bla, bla, bla" (cuando usan mucho "nosotros" es porque os la quieren meter doblada, en plan hardcore). Nos queda el "yo".No me gusta usar el pronombre "yo", le tengo demasiados prejuicios (prometo que otro día les pegaremos una paliza para quedarnos libres de ellos y disfrutar del anonimato del "yo"), por lo que, para hacerlo más personal, usaremos tu nombre: *******.

Bien, ya está todo. Tenemos a ******* y a Bogart. Estamos listos. Voy a prepararme la cena. A lo sibarita.

martes, 1 de septiembre de 2009

La Desesperación


Paseaba por un sendero con dos amigos . El sol se puso. De repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio . Sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad. Mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.


El Grito- Edvar Munch