
Todos nacemos en esta vida con un objetivo, con una meta que llegamos a alcanzar más tarde o más temprano. Están los abogados, los suicidas, amas de casa, corredores de bolsa, jugadores de fútbol, pederastas, médicos, chulos, borrachos, locos, basureros, pintores, escritores, inventores y demás. Joy apenas se acercaba ni por un segundo a ese prototipo, a ese esquema de personas. Desde pequeño le había fascinado el tema de la amputación, leía libros, seguía por televisión a los mayores asesinos en serie e incluso a los 14 años sufrió una erección cuando Lee Jordan, su vecino, atropelló con el coche a su perro y le dejó parapléjico de cintura para abajo. Puede ser una aberración que nadie podría comprender jamás, pero ¿qué culpa tenía el si lo fornicaron de esa manera? Su padre era el resultado de un cruce de sangre de la misma familia, un hermano con su hermana a los 23 años. Su madre había comenzado estudios universitarios pero el alcohol se apoderó de todo su ser.
Aunque Joy no estaba dentro de ese gran esquema, si que al igual que todos, buscaba su objetivo final, la cumbre de la montaña, el NIRVANA. Sabía que había sido engendrado para el acto de la amputación, pero le faltaban cojones para raptar a alguien y trabajar con él. Por lo tanto vivía demasiado frustrado.
Una mañana se levantó con la mejor idea que había podido tener jamás. Si no tenía huevos suficientes para coger a cualquiera y rajarlo, él mismo se ofrecería de conejillo de indias para su hazaña. Fue a la cocina y empezó a sacar cuchillos de todo tipo, grandes, pequeños, afilados, de sierra, cuchillos para carne, cuchillos para pescados, y añadió a su bolsa de objetos para la amputación una maza de madera y una cuchara de acero. Sabía que más de la mitad de las cosas no las iría a utilizar pero se sentía cómodo con todos esos objetos. Condujo durante más de media hora en dirección al centro de la ciudad. Aun no tenía claro dónde se posicionaría para su actuación, pero quería un sitio en el que fuese observado por una gran muchedumbre. Finamente se topó con los grandes almacenes Wart y aparcó. No pagó parquímetro, le daba igual ya cualquier multa. Arrojó las llaves con fuerza y se colaron debajo de un gran Land Rover. – Algún afortunado encontrará las llaves y se quedará con mi carro- pensó para sí mismo. Con paso firme y decidido entró por la puerta giratoria sosteniendo con el brazo izquierdo la bolsa de la felicidad. Dio una pequeña vuelta alrededor de los comercios hasta encontrar finalmente lo que a él le parecía el lugar más idóneo para asentar el campamento. Se trataba de una pequeña fuente redonda con un amplio pollete donde acomodar el trasero tras horas de compras. Respiró hondo. Cerró los ojos. Los volvió a abrir. Su pulso estaba acelerado y la barriga le daba vueltas. No quiso pensarlo más. Extendió la bolsa de objetos punzantes y contundentes sobre aquella fuente y cogió el cuchillo de sierra. El de carne. No sabía por donde empezar y lo primero que se interpuso entre el cuchillo y el muro de la fuente fue su mano izquierda. La apoyó. El mármol estaba muy frío. Comenzó a cortar. Y a gritar. Aquello dolía mucho más de lo que se había imaginado. Vomitó. Empezaba a debilitarse. Pero se reía y mucho y segúia cortando. La sangre se extendió por el suelo y el agua turbia de la fuente se tornó a un color rojo oscuro, aunque también turbio. Por fin consiguió terminar. Lo más difícil habían sido los huesos. El cubito y el radio eran duros de cojones. Ahora empezaría por su gran tripa. Nunca le había gustado tanta acumulación de grasa junta y concentrada, así que decidió deshacerse de ella. Cuando dio el primer tajo, un guardia de seguridad apareció delante de sus ojos gritando - ¡Escándalo público!, ¡ESCÁNDALO PÚBLICO! Joy no tuvo tiempo para reaccionar. El guardia de seguridad sacó una pistola, supongo que la tendría de forma ilegal, ya que sólo los policías pueden portar armas y los guardias de seguridad, que son como policías amariconados y de peor clase social, les permiten solamente una porra y unas esposas. Se ve que este guardia de seguridad era algo más espabilado. Apuntó con el arma a la cabeza de Joy y disparó dos veces. MUERTE. MUERTO. JOY K. MILLER, NACIDO PARA LA AMPUTACIÓN MUERE ASESINADO POR UN GUARDIA DE SEGURIDAD. 2 TIROS EN LA SIEN.No creo que los actos de Joy fuesen demasiado correctos, pero hay que ser muy hijo de puta para acabar con los deseos de un hombre. En realidad es no acabar con ellos. Es dejarlos a medias. El guardia de seguridad merece algo peor que la muerte. Caminará durante siglos entre un mar de coños gigantes y su apetito sexual estará en negativo.¿Existe tortura peor que esa?