Simplemente me quedé allí sentado esperando. Unos diez minutos después sentí un hormigueo por todo el cuerpo. Fui capaz de mover la mano un poquito. Luego, otro poquito. Me llevé el wiski a los labios, conseguí inclinar la cabeza y me lo bebí todo. Puse el vaso en el suelo, me estiré en la cama y esperé de nuevo a que me entrara el sueño. Oí un disparo en la calle y comprendí que en el mundo todo iba bien. A los cinco minutos estaba dormido.
Como todos los demás.
Como todos los demás.

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