
Encendí el teléfono esperando tu llamada.
Dos horas fueron las que esperé junto a él sin el menor sobresalto. Durante ese tiempo, no estuve tirdo en el sofá como de costumbre, había abierto una nueva botella de wiski y dejado a la mitad, luego bebí dos latas de cerveza algo calientes, lo cual no me hizo gracia, y había preparado la comida, guisantes con ketchup y puré de patatas, aunque no tenía apetito. Dejé el plato en la encimera. Deambulé por el salón mirando los muebles. Mi vista se posaba en ellos, pero mi mente estaba mucho más lejos, vete a saber donde. Mujeres, coños, pelos, dibujos, muerte… me traía sin cuidado lo que rondaba mi mente, aunque sabía que en el fondo se encontraba ESO. Empecé a ponerme nervioso, tosí un par de veces y me vinieron arcadas a la garganta, no me apetecía vomitar, así que cansado de esperar, monté en el coche y conduje por todo el paseo marítimo. la tarde era bonita, el sol se estaba poniendo, la luz era cálida y había mucha vida por toda la zona. Gente haciendo footing, pescando o tomando los últimos rayos de sol, gente despreocupada, con la mente tranquila.
Me apetecía estar solo, no tenía en mente ningún sitio al que ir, no quería estar con ningún amigo, ni siquiera quería tomar otro jodido trago. Me desvié por una carretera secundaria mal asfaltada hasta que el camino terminó, cerrado por una gruesa cadena de metal que lo atravesaba de un lado a otro. Apagué el motor y bajé del coche. Estaba en lo alto de un acantilado, corría fuerte el viento y no había un alma. Mi estómago seguía moviéndose y haciendo ruido, y mi respiración no llevaba ritmo ninguno. Joder, las vistas eran espectaculares, podía ver toda la costa engullida por aquel rojizo y enorme sol. El agua presentaba un aspecto oscuro, algo siniestra. Vomité. Vomité lo que tenía dentro desde lo alto de aquel tajo y escuchaba como chocaba y hacía ruido al caer contra el mar. Me lloraban los ojos. Al momento se llenó la superficie de peces de distintos tamaños, pero aun así eran pequeños. Observé la escena durante un buen rato y volví a meterme en el coche.
Estaba más relajado. Regresé a casa. En la puerta me esperaba Juan A. Knoxville, un buen amigo, con una caja de cervezas. Bebimos hasta tarde y escuchamos buena música. Desempolvé mi guitarra acústica y volví a tocar después de tanto tiempo. Old man, de Neil Young.
Dos horas fueron las que esperé junto a él sin el menor sobresalto. Durante ese tiempo, no estuve tirdo en el sofá como de costumbre, había abierto una nueva botella de wiski y dejado a la mitad, luego bebí dos latas de cerveza algo calientes, lo cual no me hizo gracia, y había preparado la comida, guisantes con ketchup y puré de patatas, aunque no tenía apetito. Dejé el plato en la encimera. Deambulé por el salón mirando los muebles. Mi vista se posaba en ellos, pero mi mente estaba mucho más lejos, vete a saber donde. Mujeres, coños, pelos, dibujos, muerte… me traía sin cuidado lo que rondaba mi mente, aunque sabía que en el fondo se encontraba ESO. Empecé a ponerme nervioso, tosí un par de veces y me vinieron arcadas a la garganta, no me apetecía vomitar, así que cansado de esperar, monté en el coche y conduje por todo el paseo marítimo. la tarde era bonita, el sol se estaba poniendo, la luz era cálida y había mucha vida por toda la zona. Gente haciendo footing, pescando o tomando los últimos rayos de sol, gente despreocupada, con la mente tranquila.
Me apetecía estar solo, no tenía en mente ningún sitio al que ir, no quería estar con ningún amigo, ni siquiera quería tomar otro jodido trago. Me desvié por una carretera secundaria mal asfaltada hasta que el camino terminó, cerrado por una gruesa cadena de metal que lo atravesaba de un lado a otro. Apagué el motor y bajé del coche. Estaba en lo alto de un acantilado, corría fuerte el viento y no había un alma. Mi estómago seguía moviéndose y haciendo ruido, y mi respiración no llevaba ritmo ninguno. Joder, las vistas eran espectaculares, podía ver toda la costa engullida por aquel rojizo y enorme sol. El agua presentaba un aspecto oscuro, algo siniestra. Vomité. Vomité lo que tenía dentro desde lo alto de aquel tajo y escuchaba como chocaba y hacía ruido al caer contra el mar. Me lloraban los ojos. Al momento se llenó la superficie de peces de distintos tamaños, pero aun así eran pequeños. Observé la escena durante un buen rato y volví a meterme en el coche.
Estaba más relajado. Regresé a casa. En la puerta me esperaba Juan A. Knoxville, un buen amigo, con una caja de cervezas. Bebimos hasta tarde y escuchamos buena música. Desempolvé mi guitarra acústica y volví a tocar después de tanto tiempo. Old man, de Neil Young.

No hay comentarios:
Publicar un comentario