miércoles, 19 de noviembre de 2008

EL SECRETA


Sí, anoche le pegué a un policía.
Todo empezó por el final…
El fin de semana se planteaba rutinario, más de lo mismo; salida al centro, beber, beber, beber y más beber, unas risas con los amigos, algo de buena música en el garito de siempre y vuelta a casa… resaca…
Jueves por la noche, me llaman al móvil: - ¡ Yeeh que pasa tio!, hace un montón que no te veo, vente para Granada el viernes y pasas aquí el fin de semana.
Una gran alegría invadió mi cuerpo. Sí, aun me quedan amigos que son capaces de cambiar tu estado de ánimo con tan solo una palabra. Poquitas cosas pueden darme esa satisfacción.
Viernes noche. Mucho alcohol está rulando por el cuarto de casa de un colega de mi amigo, una bandera española enorme colgada en la habitación, zapatos, camisas, pantalones bien subidos y pelos bien peinados; no es mi ambiente, lo sé, no me siento muy cómodo, pero ¿qué coño?!! tengo a uno de mis mejores amigos al que hacia tiempo que no veía, emborrachémonos juntos, recordemos viejos tiempos!!
De la discoteca a la que entramos apenas me acuerdo, pero de la vuelta a casa… ese es otro tema. No me drogo, y creo que jamás lo haré, pero la hiperactividad me come cuando voy de camino de vuelta. Sin pensarlo le pegué una patada a una papelera que salió volando y calló al suelo; no le di mucha importancia, pero parece ser que a un yonki que andaba por allí si. Se acercó a nosotros y empezó a gritarnos, que vaya asco de gente, vándalos de mierda, y cosas del estilo y me gritó que pusiera bien la papelera. En un primer momento pude entenderlo incluso me agaché para colocarla, pero me di la vuelta y vi como le gritaba y encaraba a mis dos amigos de unas formas que pronto se les tiraría al cuello, o bien sabe qué hubiese pasado. No pude pensarlo, me acerqué a ellos y les dije que corriesen a la de 3, sin meditarlo, solté un puñetazo a la cara del nota con todas mis fuerzas; aun recuerdo el grito que soltó el heroinómano. Se calló al suelo pero al momento se levantó gritando que era policía secreta y salió corriendo para avisar a sus compañeros. Corrimos un poco calle abajo aunque tampoco nos tragamos aquella historia y reanudamos el paso normal (bueno en aquel momento de borracho), pero al momento escuché alguien corriendo hacia nosotros, giré la cabeza, estaba ahí ataviado con un chaleco reflectante y una porra de la que poco pude ver ya que le faltó tiempo para pegarme. Tuve suficientes reflejos para pararla con el codo (que poco tiempo después pensaba que estaba partido), y le solté una patada en el estómago. En ese momento no te paras a pensar nada, tu instinto, el más básico, se apodera de ti y te dice ¡corre!, ¡corre y no pares!, agarré a mis amigos de las camisetas y no volví a ver aquel yonki-poli. Me sentía bien, me sentía vivo y feliz…

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