lunes, 2 de noviembre de 2009

Respiré

Bajé la calle, rápido. Con las manos en los bolsillos. Apretando los puños. Hacía frío y el whisky apenas me había calentao, pero mi mente si lo estaba, al menos eso pensaba. Quizás ella ya habría llegado, está ahora dejando la maleta justo en la entrada y se acerca al frigorífico, seguramente algo para beber y poca cosa de comer. Mujer de poco fondo. No, no, mejor, está ya completamente desnuda, en la cama, con aquella manta de pelo gordo, jejé, de manchas imborrables que formaban pequeñas caras y dibujos grotescos. Solo ella era capaz de derramar vino y dejar aquella preciosa figura-vagina rojiza grabada DE POR VIDA. Quizás, al llegar yo, hagamos el amor, sin palabras. Despertarnos cara a cara, juntos.
Esta vez, la sensación era mucho más fuerte. Seguro, ya está en casa. Y corrí. Doblé la esquina, salté el charco, el semáforo en rojo también. - Hoy no habrá una cerveza juntos, lo siento Martin. Ha llegado y me espera-. Martin sonrió.
En la entrada no había maleta, y mi cama al fondo, sí, con aquella manta pero no con ella. ELLA. Me acerqué, puse la cara en la almohada. Respiré.

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